POR MARIBEL CABAL CORTÉS
Cuando Calderón Hinojosa afirmó públicamente que: “Le ganaría a la izquierda por la izquierda” el perredismo empezó a tambalearse y solo unos cuantos de manera consciente y aferrada, asidos a sus ideales, encabezaron la lucha por una democracia incipiente.
Sin embargo, la ambición de “Los Chuchos” y el hambre de un pueblo neófito, sin orgullo ni dignidad, vendieron al Señor Presidente, al único partido nacido de la lucha popular en pro de la justicia y la democracia.
Tan solo en Huatusco, después de haber gobernado por vez primera a la ciudad y de haber reunido un mega padrón de simpatizantes histórico e incomparable con cualquier otro partido por antiquísimos que sean, el PRD se desplomó hasta casi desaparecer. Y no era para menos, con un Presidente del Comité Ejecutivo Municipal que fungía como limpiabotas de diputados, subyugado a las decisiones de su familia y autovendido al mejor postor; con pseudolíderes partidistas que acarrearon infamemente a los simpatizantes, para que emitieran su sufragio por la candidata de Nueva Alianza; aunado a ello, el desempleo y el hambre que predominan en la región y la falta de conciencia política, todo contribuyó a la situación actual del partido.
Ahora Jesús Ortega, El Zorro Inculto, se pavonea como Presidente de un partido con el que no comulga. El PAN jugó a ganar con el apoyo de magnates y televisoras, bajo el lema “Divide y vencerás”, negoció con Ortega un puesto que por sí mismo jamás alcanzaría a cambio de convertir la lucha y los ideales de democracia en historias de terror y de ficción.
Corresponde a los perredistas conscientes y a aquél sector de la población con ideales y ética: sostenerse, empezar de cero y perdonar al pueblo que traicionó a su patria y que hoy se lamenta por tener el gobierno que se merece. Después de todo, quien no votó por Calderón, el PRI o Nueva Alianza, tiene la conciencia tranquila y es un ciudadano que puede pararse en su trabajo o en la calle con la frente en alto, porque no se vendió, ni traicionó sus ideales ni el futuro de sus hijos y tiene por lo tanto la autoridad moral para enseñarle al pueblo que su valía está en conservar la dignidad. Lo sucedido en el interior del PRD es la mejor prueba de que un pueblo unido, jamás será vencido.